Los barnices se han utilizado durante miles de años, en una u otra forma, para acabar de proteger la madera. Los egipcios lo empleaban en la decoración de sus tumbas y los griegos
como protección de la madera de sus barcos contra el poder corrosivo de las sales marinas (una especie de calafateado).

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Sin embargo, los barnices no se han utilizado como material de acabado para los muebles hasta los últimos cinco siglos. A través de los años, los acabados de madera han encontrado en los barnices, muchas características no poseídas por la goma laca; por ejemplo: su capacidad para endurecerse al secarse, su capacidad para adquirir un gran brillo cuando se pulen, cierta impermeabilización frente a agua, humedades o grasa.

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Actualmente existen materiales resistente a los rayos UVA, de secado instantáneo, con altísima resistencia a la abrasión y un bajo mantenimiento, tanto para pavimentos de madera como recubrimiento en muebles o superficies.

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